Nostalgia del ayer

Saturday, March 24, 2007
“El hombre contemporáneo, en efecto, busca la felicidad en lo más periférico de su psiquismo; en el goce fácil, en los logros materiales y en el afán de prestigio. “Vivimos en un mundo de placeres sin alegría” –ha dicho con desencanto Erich Fromm- y es posiblemente esta falta de una genuina felicidad- la que explica el anhelo compulsivo de goce excitante y de diversión que caracteriza a nuestra época, en un intento tal vez de compensar el vació, la soledad y la amenaza en que vive el hombre moderno. Hoy día resulta evidente que el exceso de tecnología de nuestro mundo conlleva un grave peligro de deshumanización. El utilitarismo, la masificación y la cultura de consumo han ido desvirtuando paulatinamente el sentido de lo individual frente a lo colectivo y han terminado, trágicamente, con el utopismo científico y el mito del progreso. Esto no significa, por supuesto, que el hombre deba renunciar a los logros de la ciencia y la cultura, pero sí equilibrarlos con un paralelo ahondamiento de los valores espirituales para poder asumir, con responsabilidad, los riesgos que implica el conocimiento” (p.34-35) Dalai Lama.
A veces me pregunto si hoy en día nadie siente la nostalgia por el ayer, de aquellos tiempos, donde no existía la rapidez de los tiempos modernos, donde no hay tiempo para el suspiro ni para la conmoción, donde el que se da un segundo deleitándose con su entorno para vivir, se queda bajo el tren del progreso.
Mis abuelos puede que no hayan tenido celulares, computadores ni cable televisión o Internet, pero creo que se deleitaban y disfrutaban, simplemente, comiéndose un durazno bajo un árbol pensando en el aire, en los vientos, en los mares y dejando que pasara la tarde, sintiendo una conexión especial con la vida.
Me interesa lo que es la felicidad, pero a nivel profesional nadie se preocupa de su estudio, porque hay cosas mas importantes que investigar como el hecho de ganar mas dinero y conseguir ser exitoso.

En mi opinión lo Dionisiaco se ah apoderado de nuestra cultura.

Clamo por la resurrección del ayer.

El ave de fuego (III parte)

Sunday, March 18, 2007
De pie junto a su hermano, el rey del inframundo, daba informe detallado de los por menores de la osadía cometida hacia su reino por parte de los humanos. Mirando hacia el infinito cielo de su basto campo, Zeus, se entristeció en el corazón por lo que le pedía su hermano –el sacrificio del Fénix-. Sin embargo este último, entendía, que era justo lo que demandaba su hermano por tamaña insolencia cometida hacia su grandeza. Ni las musas ni las diosas pudieron apelar al deseo de aquel rey deseoso de revancha, por extinguir la flama de aquella ave magnánima que surcaba el universo cantando las más enternecedoras melodías a los dioses y al inconsciente de lo humano.

La sentencia ya estaba escrita, plasmada en sangre y martillo, por aquel tribunal divino, solo faltaba alinear detalles para que llegara a su fin la llama de colores hecha cuerpo y ave, que hizo soñar con la ilusión de la vida eterna a los que por infortunio fueron gestados para morir y soñar con la poesía como liberación. Zeus, quebrado por el desconsuelo de la inminente partida del Fénix, por la cual tenía un marcado favoritismo en ese basto campo de creaciones sublimes, solo le pidió como consuelo una cosa a su hermano, que los detalles de la fatal sentencia quedaran por su cuenta. Conforme y en acuerdo con la petición final, el Dios de la oscuridad partió rumbo hacia sus tierras, a esperar noticias del triste desenlace.

Paso una semana antes que Zeus llamara al Fénix, semana durante la cual ni la Lira de Apolo logro conmover el espíritu socavado del Dios del olimpo. Tras la llegada del Fénix donde el Dios supremo, sus miradas se cruzaron y se comunicaron, no hizo falta la palabra, pues entre aquellos dos había una relación muy especial. El fénix, pese a su reciente noticia, se mantuvo con entereza y tenía una mirada seca que evidenciaba su fatal destino, donde ya todo estaba decidido. Antes de partir rumbo hacia su tumba, de la mejilla de Zeus rodó aquella cristalina sustancia, que por caer de ese ser, dio paso a la gestación del mar muerto en la tierra.

En aquella comunicación sostenida entre el ave y el supremo, tal como Zeus le pidió a Hades, el semi-Dios le encargo una última voluntad a su creador, esta era: el favor de concederle una última visita por la tierra.

Durante aquella visita, surco todos los cielos y lugares conocidos, en las que se hizo presente durante generaciones de civilizaciones humanas. Mientras volaba y así daba su último adiós, se entristeció en lo mas intimo de su ser, al ver el castigo por el cual atravesaban los humanos por designio del Hades, y de cierta forma, se sintió culpable por haber tenido implicancias en ese asunto y en ese resultado. Pese a todo lo malo por lo que atravesaban los humanos, su espíritu se conmovió de sobresalto, al observar que pese a tanta aflicción, adversidad y penurias, en esos pequeños y finitos seres, aun existía la chispa -que avivada por el amor- encendía en los corazones y los espíritus ese fuego, de colores tan vivos que volvía a entregar un tesoro preciado a la existencia de lo mortales: la felicidad infinita.

Totalmente convencido, decidió entregar la vida con ese recuerdo intacto en su mente, mientras surcaba a toda velocidad el universo en dirección al sol, el mismo Zeus se puso de pie y observo la estela de fuego que dejaba el Fénix al cruzar el espacio por última vez. Fue en una velocidad impresionante, cuando el ave entono una ultima canción que quedo grabada para siempre en la eternidad, aquella que se plasma en el silencio de las estrellas y en la brisa del eco, de los valles. Su inmolación en el magma solar concluyo con un grito gutural de parte del Fénix, que sonó por siempre en esos inmortales oídos que habían decidido poner en jaque la vida y resurrección de esa creación magnánima.

Su sacrificio provoco que el sol generara un destello que hizo brillar el universo de oscuridad, para dejar ciegos y impertérritos a los humanos que no tenían la menor idea de lo ocurrido. Aquel sacrificio del Fénix, inspirado en el recuerdo de la llama de colores del amor dejo para los humanos un regalo, que no siendo la vida eterna los haría soñar en lo infinito y en la posibilidad de la inmortalidad: la esperanza

Fenix (Parte II)

Friday, March 16, 2007
En sus vuelos, la tierra, se hizo una constante en la bitácora del Fénix. Estas visitas en el tiempo lograron ligar de una forma encarnada a aquel semi-Dios, con su objeto de admiración –el amor- que gestaban en su interior aquellos sutiles mortales. Tan conmovedora resultaba ser la imagen del fuego interno, provocado por el amor, que para renacer de sus cenizas cada 500 años, el ave magnánima, eligió permanentemente los volcanes que mas le gustaban en la tierra, para así atravesar los nuevos ciclos de resurrección, todo esto, para estar en cercanía con ese fuego que tanto le gustaba. Tras sus constantes renacimientos, al interior de los más imponentes volcanes, fueron varios ojos humanos los que pudieron observar la cualidad de este semi-Dios para burlar a la muerte y darle vida a la vida, soplando hacia el infinito el fatal destino que los mortales tenían como techo. Este observar fue trasmitido por diferentes culturas que inspirados por el ejemplo de vida eterna, generaron un culto por aquella ave, que los estimulaba a vivir, inspirados con su gracia divina.

Al ser un público frecuente –el conjunto humano- de la inmortalidad encarnada del Fénix como algo factible, grandes líderes, reyes, hombres de poder e influencia en cada una de sus culturas, interpretaron y transmitieron a sus pueblos; gracias al ave inmortal, a la muerte como un paso a seguir, pero que no significaba; necesariamente, la última estación de nuestro existir. La vida para muchos, gracias al simbolismo de este semi-Dios, se hizo llevadera, ante la angustiosa muerte que nos tocaba a todos. Ahora, por influencia del milagro de la resurrección hecha ave, esta –la muerte- era vista como parte de un proceso de gracia que atravesamos todos los mortales, para así seguir existiendo después de nuestro deceso. La cotidianidad de todas estas culturas que conocieron de este milagro, interpretaron lo que vieron como un regalo, que a su vez, genero un sin numero de ritos, fiestas y cultos de parte de estos colectivos humanos a favor de la vida eterna. Todas estas costumbres se anclaron en la firme convicción del valor infinito de la vida en desmedro y burla de la muerte inexistente.

Lo que parecía ser una realidad de equilibrio y beneficio mutuo en la relación sostenida entre el semi-Dios volador junto con los mortales, donde el primero se regocijaba en ver a ese fuego interno provocado por el amor en los humanos y el segundo que motivado por el ejemplo de vida del Fénix creía en la inmortalidad de la que podrían tener porque la muerte no existe y es solo un paso, fue el inicio de una tempestad de odio por aquella influencia gestada por el Fénix sobre los humanos.

No todo resulto ser parte del equilibrio divino, como muchos creyeron, puesto que el mismísimo Dios del inframundo al ver lo que pasaba en las reacciones de los mortales hacia la muerte se enfureció de sobre manera. Aquella divinidad se sintió vulnerada por la influencia que genero esa ave en los mortales, que antes sentían temor por su mundo –lo cual de cierta forma gratificaba al Hades- y que ahora veían lo que el representaba con una sonrisa en la cara. Aquella disposición en esos finitos seres, celo en rabia e ira al Dios de los muertos. Sin quedarse de brazos cruzados, tomo represalias por tal insolencia generada hacia el mundo de los muertos, el Hades, se hizo presente en la tierra con constantes guerras, sequías, hambrunas, dolor, miseria y enfermedades, todo aquello para enrostrarles a los humanos el fatal destino del que aquellos seres insignificantes eran portadores. Este castigo fue implantado por voluntad del Hades, porque vio que los humanos habían osado creerse dueños de la vida eterna, que él y solo el resto de los dioses en el olimpo disponían. Con sus crueles acciones, busco remecer el alma y las convicciones de aquellos humanos que habían decidido burlarse de su mundo.

No contento con sus represalias de castigo hacia los humanos, y aun molesto con el ave magnánima, Hades decidió visitar a su hermano Zeus en el olimpo. El motivo de su visita, era pedirle a su hermano el sacrificio del Fénix…

Phoenicoperus I

Wednesday, March 07, 2007
Fue en una sublime explosión en el magma solar, que no duro mas allá de un parpadeo, donde la inmortalidad del Fénix se exintigio de la faz del universo…

Muchos saben sobre el ave Fénix, pero pocos son los que realmente conocen sobre el legado de su ser, y del simbolismo de su acción y desaparición para todos nosotros.

Este semi-Dios, que encanta por sus bellos colores derivados del fuego mismo, es fiel representante de la estética elevada a su máxima expresión en la tierra y en el eliseo. El Fénix posee la cualidad de la resurrección desde sus propias cenizas tras su muerte, lo que es milagroso para el ojo humano y tan solo una etapa de cambio en lo divino. Sin embargo, su desaparición, más que su resurrección, es lo que resulta inconmensurablemente conmovedor de su historia como relato.

El Fénix como algunos saben tenía su lugar en el olimpo, dentro del jardín de los cielos eternos y de caleidoscópicos calipsos, que en sus tonalidades se hacen incontables para la experiencia humana. El mismo Zeus, era un fanático admirador de la belleza y canto de esta ave, tanto así, que disponía para ella de un lugar privilegiado dentro de su campo de creaciones, a la que identificaba dentro del resto como la magnánima iluminación.

Su protagonismo ante la principal divinidad creadora, le permitía tener la libertad de volar donde el quisiera surcar por el infinito cielo. Fue así como desde su aparición, su ser estuvo en relación con el espíritu viajero. Valiéndose de sus alas, que maravillosamente tomaban los colores más vivos de la sangre, el sol y el fuego, arremolinaba el polvo estelar a cada aleteo, lo que le permitía cruzar por los más bastos universos y anversos. Tras largos viajes, cual trotamundo, se posaba en aquellas estrellas que mas le llamaban su atención, para desde esos lugres, cantar conmovedoras melodías que cruzaban el espacio sideral, conmoviendo a todas las criaturas vivas de la faz de lo inconocible. El fénix que surcaba por el espacio, era confundido muchas de las veces por los humanos, como aquellas estrellas fugaces que se extinguían durante las noches de los cielos eternos.

Su cantar era tan conmovedor, que era lo único; junto a la lira de Apolo, que lograba socavar el espíritu de entereza del mismo creador. Para nuestra experiencia humana, ese manjar solo puede ser aprehendido mediante nuestro inconciente, el cual guiado por sus tonos, que atravesaban todas las distancias siderales, articulaban la más bella sinfonía para lo humano –en lo microscópico-, aquella que comprende nuestra compleja madeja de redes neuronales, que permiten nuestro existir día tras día, algo de lo que nosotros no podemos tener control o conocimiento racional por nuestra percepción mundana.

En relación a lo humano, el Fénix sentía una especial atracción por la tierra, con la que se puso en contacto por medio de muchas culturas y durante muchos tiempos de la historia. Así fue como egipcios, griegos, mayas, aztecas, conocieron a esta magnánima creación. Por su grandeza fue en todas estas civilizaciones objeto de culto y admiración. Todos veneraron su cualidad de renacer de sus cenizas, silogismo puro de la vida eterna.

Los más bellos volcanes de la tierra eran el encanto del Fénix, que en éxtasis, bailaba dentro de sus cráteres junto a explosiones de magma volcánico. Le gustaba volar en conjunto con los estallidos del incandescente material que saltaba dentro de esa olla de calor y que explotaba a cada nuevo segundo haciendo erupciones de material particulado.

Sin embargo el fénix no solo se hizo cercano a lo humano producto de este vicio, sino mas bien, porque en lo mas intimo de su ser, era conmovido por una llama aun mas fuerte, aquella que brotaba de las mismas entrañas de la existencia en la tierra, y esta era la llama del amor. Esta llama era la que realmente fascinaba al Fénix, que tocado por su poder creador, lo llevaba a entonar las mas bellas canciones en su honor. Era así como surcando los cielos, como un águila en la altura, dirigía su mirada a esos pequeños seres que tenían dentro de sus corazones, la capacidad de encender esta chispa tan pequeña -pero a la vez poderosa- que una vez encendida por el amor, se tornaba inmensamente brillante e incandescente, transformando el alma de esos mortales en un retrato de vida y colores, que por lo conocido por este trotamundo era lo que mas lo conmovía su escencia vital...
PARTE I