Friday, March 13, 2009


Siendo la número 1 vigente de la WTA (asociación de mujeres tenistas profesionales), Justine Henin deja el tenis profesional. En una meditada declaración a los medios, Justine decidió dejar su "sueño de niñez"... deja el tenis, siendo nada mas ni nada menos que la número uno en la clasificación mundial. Todo esto la lleva a mantener la frente en alto por el tiempo que logro ser y mantener la posición. Sin embargo el cansancio de "ser" y mantener una posición ideal dentro del ranking; como número 1 del mundo, la llevo a decidir descansar y dejar su sueño desde los 13 años de edad.

Esta noticia que me impacto mucho, porque soy fanático del tenis, y, me hizo relacionarlo con el libro Trabajo, consumismo y nuevos pobres (Zygmunt Baumann. Editorial Gedisa). El cual leía al momento de saber de esta noticia

Me gustaría reflexionar sobre lo que relacione para darles a entender lo que me llamo la atención de esta noticia-fenómeno. Para esto quiero introducirles un poco sobre el tema del libro en su primera parte, en la cual, según el autor, habitamos en la sociedad del consumo, donde predomina como función el deseo de consumo. Deseo que busca la satisfacción estética por sobre la ética y la moral. En cierta forma podríamos hablar de esencialismo versus hedonismo o más sencillamente entre ser y mostrar.

Para partir el análisis, hay que ver que en la actualidad, habitar en esta sociedad, es diametralmente opuesto a tiempos anteriores, donde "trabajar" era una actividad que dignificaba a la persona, por su alta función social, sin importar la labor que realizáramos; esto pensando en el trabajo como "la" actividad moralizante para el hombre y la sociedad. Obviamente se excluyen las distinciones sociales y el status, porque dentro de este paradigma lo que importaba era no ser ocioso o estar sin trabajar, porque o sino se era considerado una lacra social. En este esquema se inicio el capitalismo, y en su fase mas cruda capitalismo manchesteriano, donde había que pagar lo justo al asalariado para así no aumentar las posibilidades de seguir alimentando bocas ociosas en un futuro.

En este contexto, y pasando a la actualidad, se pasa a un capitalismo de consumo, donde son las actitudes y las motivaciones, en la vida de los sujetos o consumidores, los que movilizan la maquina del mercado. A diferencia con el periodo de "la ética del trabajo"; (del trabajo como función moral) el objeto como homo economicus se mueve hacia una "estética del consumo" como realidad individual, hedonista y abierta a la continua satisfacción del deseo para paliar el inconcebible aburrimiento (estado por excelencia donde si uno lo quisiera, podría estar y ser, pero es lo opuesto a el efecto de consumo en el mercado, donde hay que estar siempre en movimiento) de esta sociedad moderna y de luces. En este mundo el consumidor, está abierto a las vivencias, de nuevas realidades y nuevas necesidades, en esto se expresa la clasificación de nuestra sociedad como una "sociedad coleccionista de experiencias" donde, tener que hacer para luego contar es símbolo de status, más cuando esta es una experiencia que hace sentir y experienciar algo grato o único (ej.: viaje de regalo a ver la final de roland garros, etc.). En este caso esta es la apuesta teórica que realiza Bauman sobre el proceso de modernidad e individualidad en las sociedades, donde el sujeto es absorbido muchas de las veces en el proceso de consumo como la "realidad" a personificarse y desarrollarse. Desde esta visión sigo mi análisis con respecto a la vivencia que me dejo dando que pensar.

El problema a este contexto, es el continuo del consumo que el individuo puede obtener y sostener, desde los productos a consumir, como la continuidad y satisfacción en la actividad laboral a realizar. Hoy en día, el individuo, busca sentirse o anhela la realización y la satisfacción (ya sea hasta quedarse endeudado), puesto que la manera de producción y de consumo incita o facilitan esto. Sin embargo, es la "incertidumbre" o "intranquilidad" de realizar, en el trabajo una función satisfactoria, la que marca una variable directa a la calidad de vida de las personas. Por eso hoy según Bauman habitamos en un terreno de "arenas movedizas", donde no solo estamos preocupados por encontrar y tener un trabajo, sino que este a su vez cumpla la función de mantenernos contentos y realizados. Toda esta perspectiva se asocia a la realidad del sujeto como consumidor de su propio destino y observador de su propia satisfacción. Por lo consiguiente el hombre está en "arenas movedizas" en la medida que no está en desarrollo con su vocación personal.

El trabajo que realizaba Justin como tenista, a la luz de los contextos y de la sociedad del consumo aparece según Bauman, como un mundo fascinante a la luz de los consumidores o admiradores de este deporte, que ven en ella o más bien veían en su labor como tenista profesional una figura de éxito, que cumple con el ideal, de representar un objeto de admiración para su público de consumo. Su figura, finalmente se eleva como objeto de influencia y dominación en el contexto del consumidor y fanático del mundo del tenis. Pero es esta realidad; la figura de éxito y estrellato del deber ser y estar en el numero 1, la que representa una significativa distorsión de aspectos tangibles del mundo de la vida para la realidad del consumidor. Cabe destacar eso sí, que como figura de dominación, dentro del circuito profesional Justin ya marcaba diferencias con sus predecesoras tenísticas, puesto que ella fue hija del rigor y nunca brillo por acciones fuera de la técnica y trabajo tenístico, que nos llamaran a considerarla una persona que se dejaba sentir y vivir por la estética de su trabajo. Donde muchos otros tenistas lo han hecho, ya sea por su carisma, por su figura, por su relación con sus compañeros y con los medios, etc. Dentro del contexto, ella representaba el rigor de su profesión y no buscaba influir mas allá de lo que su labor nos permitía observar. Un ejemplo de lo contrario en la actualidad, lo representan para nuestros medios en el fútbol Mauricio Pinilla y en el tenis María Sharapova. Personajes que llenan a veces noticieros y comerciales, ya sea por sus dichos o hechos más allá de su actividad de trabajo. Es por esto, que para quienes miran a los deportistas como modelos a seguir tienen que tener muy presente que:


"los santos de este culto al estrellato deben ser, al igual que todos los santos, admirados y erigidos como ejemplos, pero no imitados. Encarnan, al mismo tiempo, el ideal de la vida y su imposibilidad. Las estrellas de estadio y escenario son desmesuradamente ricas, y su devoción y su sacrificio, por cierto, dan los frutos que esperan el trabajo vivido como vocación: la lista de premios que reciben los campeones del tenis, golf o ajedrez, o las transferencias de los futbolistas, son parte esencial del culto, como fueron los milagros o relatos de martirios en el culto de los santos de fe" (pág. 61. 1999)

El trabajo como vocación permite lograr el éxito. Éxito que muchas de las veces no llegan sin esfuerzo y un buen trayecto de tiempo para lograrlo. Es por esto que proyectar la figura del número 1 como ideal es una utopía introyectada por la sociedad de consumo, en la cual uno quiere, podría y debería estar o poder lograr, ya sea vistiéndose como, hablando como, haciendo como, jugando como, pero al final dejando de "ser" uno mismo. Está realidad lleva a estructurar dentro de los canonenes de representación y influencia de sus sitiales de admiración y culto (los jugadores deportivos famosos), que llevan a objetivar cierta figura por sobre la realidad del "ser" y el desarrollo creativo individual y único de cada persona. Por esto podemos marcar que la decisión de dejar el tenis en el número uno, muestra el ejemplo de desacondicionarnos de las pautas de satisfacción estipuladas socialmente y objetivadas por el deseo de la representación utópica del éxito y de lo mejor, para así reencontrarnos con nuestra creatividad y vocación en nuestro interior.

Todo lo anterior funciona como un mensaje a tener en cuenta, considerando que la sociedad que habitamos, tiende a generar modelos perfectibles pero no cambiables o permutables. La diversidad parece ser la utopía porque le resta valor a la simbología del éxito como modelo de representación y dominación hoy en día.

Es el cumplimiento de un sueño o ideal el que lleva desde muy pequeños a muchos niños a seguir el camino de sus santos o personas de culto: como los serían Pete Sampras, Andre Agassi, María Sharapova, Martina Hingis y hasta hace poco Justin. A veces claro esta son los padres, que involucran o inculcan el deporte en los niños como una actividad que repara en el carácter y la personalidad y el sin fin de beneficios de al cuerpo y la mente. Sin embargo hay otro resto que busca mediante la función social de consumo proyectar a su hijo como un futuro éxito en el deporte. Es triste ver como en varias canchas existen muchos niños que son obligados a tener éxito como una meta a conseguir para lograr la aprobación de su núcleo más cercano, en vez de desarrollar su gusto por la vida y por su verdadera vocación.


"por esto, las estrellas del deporte son los mejores actores en este juego moral de la vocación; está en la naturaleza misma de sus logros el hecho de que su vida útil sea corta, tan breve como la juventud misma" (pág. 62-62. 1999)

Por esto es más que loable descubrir que todavía hay gente como Justin que en medio del éxito y de su "plena vocación" se dan el tiempo para priorizar o reorganizar su horizonte de experiencias y determinar así, en la vida vivida ("hasta el momento" en su construcción de horizontes simbólicos), construir sus actividades personales por sobre las profesionales y descubrir que la vida es más que lograr la vocación laboral y tocar el cielo como numero 1.


Es una experiencia fenomenológica confortante, entre ver en esta noticia, que con su actitud natural en suspensión, la reflexión hizo determinar un alto en la carrera de esta profesional, que quizás apunte a nuevos desafíos u horizontes de experiencias. Su cuerpo rutinario de acervo de experiencias como decía Marleau Ponty no se limito a estar gratificado por sus éxitos y triunfos en el mundo elitistamente simbolizado por la sociedad del consumo, el hedonismo y el exitismo profesional del circuito tenístico. Es verdad que logro mucho como tenista y gracias a su alta motivación y vocación como nos recuerda Bauman ella es una gladiadora y elegida, sin embargo, dentro de esa elección hay que recordar:


"que el acervo de conocimiento tiene siempre un componente <> (...) dichas experiencias esencialmente <> también tienen un sentido fundamental para el acervo de conocimiento y para la utilización de este en situaciones del mundo de la vida cotidiana; por ejemplo, al fantasear proyectos de actos posibles" (A. Schütz. 121. 1973)

Es así como Justin extendió su horizonte y prefirió dar un paso al costado, en un mundo de la vida (del tenis) objetivado al "ser la número 1" para apostar por lo que su cosmovisión natural-relativa de la vida; apuesta subjetiva y creativa, estima que es lo que representa para delante su realización personal, en su vida plena y feliz. Quien lo sabe quizás cimentar un conocimiento siendo promovedora de una escuela de tenis infantil o cultivando vegetales en el jardín de su casa.

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