Sunday, May 24, 2009
PreguntaReflexiva:


Maturanizando en el vivir





¿En qué espacios de su vivir en este presente se sienten vistos y tienen presencia?



Después de reflexionar en la pregunta sobre el vivir mi vivir (Como un espacio real y efectivo de presencia) me doy cuenta que lo que es mi experiencia del vivir en la mayoría de los casos se acopla a un sistema particular de vivires.

Esta filiación se entrelaza a un esquema condensado de vivires (creados pero supuestos-descriptores), que desde la experiencia de mí vivir, viven en mí y han sido experimentados en mí vivir el vivir.

El ciclo autopioético en el proceso de asimilación y adaptación personal a las experiencias del vivir, esta relacionado al vivir – singular; como organismo autónomo - dentro de muchos vivires que conviven y cohabitan. Este es un espacio abstracto (Como proceso mental) en la imaginación que hila congruencias dentro de actividades relacionales recurrentes, que otorgan sentido al propio vivir.

El vivir como fenómeno social ha sido incorporado, en mi vivir, a un proceso explicativo recurrente, que conforma mi horizonte de experiencia desde el conocimiento del actuar(es) dentro del vivir y la interacción social al resto de los vivires, desde mi propio acervo de conocimiento.

En mi caso la singularidad es expresión de emergencia, que muchas veces es condicionada a estructuras adquisitivas de conocimiento del vivir mi propio vivir, entre el resto de los vivires en el vivir como interacción.

La realidad del vivir dentro de mi(s) observar(es), en contadas ocasiones nace al vivir como comunidad de vivires, que respetan el singular vivir de los vivires.

La mascarización es parte recurrente y relacional en muchas interacciones en mí vivir. La condición en el vivir esta limitada a estereotipos interpretativos que son sub-sistemas simbólicos dentro de un sistema simbólico del proceso del vivir en el actuar, como actuar moral del vivir entre los vivires.

En el fondo son poco los momentos de presencia de mi vivir, y menos aún su visión en el entorno. Creo en la cultura personal del vivir mi vivir, sin embargo, muchas veces me siento aprensivo a la objeción del sistema social ante mi singularidad especial ante el vivir la vida.
Tengo miedo muchas veces de no encontrar el amor suficiente para no debilitar el espíritu de mi vivir que podría ser dañado por las olas morales del derecho natural de la vida.

¿Esto no será un poco egocéntrico?

En la medida en que mi vivir no cohabite dentro del sistema funcional - operativo, no soy representante en legitimidad de mi vivir, por lo tanto, incluso mi interpretación - acción del vivir en el actuar, no desarrolla la presencia del vivir propio, como espacio singular y especial… A veces hasta a mi me tengo miedo
Sunday, May 03, 2009

A Consumir...


Hoy donde uno vaya se encuentra con actividades relacionadas al consumo, nuestra vida gira entorno a él en contemplación a la satisfacción de nuestras necesidades más básicas y sofisticadas.

Es en una tienda de perfumes, en un supermercado o en un espectáculo deportivo, donde nos encontramos, una y otra vez consumiendo. Esto a diferencia de etapas históricas anteriores es una característica fundamental del hombre moderno Post-Industrial, permanentemente en movimiento y con poder adquisitivo, que se abre como la llave del reino –en este caso hacia la participación en el mercado de consumo. Este suedo "Poder" facilita el acceso a la participación en la dinámica funcional en el circuito-contingente del sistema económico neo-liberal.

El mercado aparece como el sistema social establecido, donde se realiza este juego de relaciones, acciones e interacciones. Finalmente este sistema; nuestro sistema, es la carta magna de nuestra reglamentación social, signo de norma, que se Auto-legitima en la promesa de un paraíso de "progreso" perfectista...

Parecería imposible en nuestros días narrar el desarrollo social sin la actividad del consumo, que aparece como el eje entrópico del imaginario neoliberal-occidental. Imaginar nuestra sociedad sin consumo es algo de ¡otro planeta! Sin embargo esto, ha sido una característica que se ha desarrollado en los últimos dos siglos – increscente- para la dinámica social del sujeto cotidiano.

El acceso al consumo es la miel de unción para el sujeto dispuesto a participar en esta dinámica en permanente renovación. El sujeto social se ve enfrentado a procesos, abiertos, permanentes e infinitos de un ciclo autopoietico dictado por la racionalidad individual capitalista. En el área de la reprsentación del sujeto, hablamos -sociológicamente- de un proceso de subjetivación, que aparte de satisfacer necesidades mediatas se abre abre al vivir de la identidad en nuevos mundos, en un mundo, con un horizonte de experiencia que mira día a día la nueva salida del sol.

La cotidianidad del consumo es la versthen de la emergencia, a la adaptación a un mundo enfrentado a un permanentemente cambio (“siempre hay algo nuevo que hacer”). Este sistema es parte de una matriz de renovación hacia los próximos presentes-futuros, que se enfrentan a la complejidad de Nuestras Posibilidades como seres humanos. El hombre de consumo esta en la incertidumbre del camino y de su satisfacción para lograr las estabilidad personal.